Torres de Serranos
TORRES DE SERRANOS

De origen tardomedieval (finales del s. XIV), las Torres de Serranos desempeñaron un papel clave en la guerra civil española (1936-1939). Durante las primeras semanas albergaron una de las 26 postas sanitarias de urgencia que los defensores de la democracia republicana organizaron en València como respuesta a la violencia propiciada por el golpe de estado encabezado por Franco y otros generales en julio de 1936. Posteriormente, funcionaron como depósito-refugio del patrimonio histórico-artístico. En primer lugar, de obras de arte local, fundamentalmente religioso, confiscadas por el Ayuntamiento republicano con la intención de evitar nuevas destrucciones como las ocasionadas los días 20 y 21 de julio por los ataques espontáneos a iglesias de la ciudad en reacción a la sublevación. Más adelante conservaron, además, lo más valioso del patrimonio histórico-artístico español, trasladado en camiones desde Madrid con la intención de protegerlo de los bombardeos franquistas. Bombardeos que llegarían a afectar, entre otros, al Museo del Prado, del cual provenían muchas de las obras aquí conservadas como, por ejemplo, El Dos de Mayo de Goya, el Cristo Crucificado de Velázquez o la Venus de Tiziano. Esta arriesgada operación de transporte –por la noche y bajo protección militar– se inició el 10 de noviembre de 1936, tan solo tres días después del traslado a València del gobierno y la capitalidad de la República y, de hecho, respondió también a la voluntad de éste de mantener el control directo sobre el patrimonio “nacional” como señal de identidad que lo reforzaba como único gobierno legítimo de la nación.

 

Escogidas por sus características arquitectónicas, esta antigua puerta de entrada a la ciudad fue adaptada, reforzándose su estructura para tener una mayor protección ante los bombardeos, o, entre otras intervenciones, instalando aparatos eléctricos para evitar que la humedad deteriorara los cuadros. El éxito quedó patente en la perfecta conservación de cuadros, tapices y libros, comprobada in situ por expertos internacionales como Frederic Kenyon, antiguo director del British Museum, quien visitó València en el verano de 1937. Entre marzo y abril de 1938, ante el avance de las tropas de Franco sobre las comarcas castellonenses, estas obras se trasladaron hacia Catalunya y acabaron atravesando la frontera gracias a un acuerdo internacional. Aun así, hasta el final de la guerra las Torres de Serranos continuaron cumpliendo la misma función, pasando a conservar los tesoros artísticos de Segorbe, Castelló y otras localidades amenazadas por los rebeldes ayudados en su avance por tropas de la Italia fascista y la Alemana nazi.