Refugio Calle Espasa
REFUGIO CALLE ESPASA

Durante la guerra civil española (1936-1939) València sufrió más de 400 ataques aéreos y navales por parte de los rebeldes, a menudo a cargo de la marina y de la aviación de la Italia fascista, aliada –al igual que la Alemania nazi- del bando franquista.

 

Durante el periodo de entreguerras se había extendido por Europa el miedo a que, en caso de una nueva guerra, el desarrollo de la aviación militar convirtiera a las ciudades en grandes objetivos, totalmente desprotegidas como estaban ante la nueva amenaza que venía del cielo. Este miedo se hizo realidad por primera vez de forma sistemática e indiscriminada durante la guerra civil española.

 

Pese a estar prohibidos por la Convención de La Haya desde 1907, los bombardeos contra poblaciones civiles indefensas afectaron entonces a ciudades pequeñas, medianas y grandes. Así, la Luftwaffe alemana y la Aviazione Legionaria italiana convirtieron –entre muchas otras- a Durango, Gernika, Xàtiva, Castelló, Madrid o Barcelona en campo de pruebas donde ensayar lo que poco después lanzarían a una escala mucho mayor sobre Varsovia, Rotterdam, Londres o Belgrado.

 

En la ciudad de València, convertida en objetivo militar de primer rango tras ser designada capital de la República en noviembre de 1936, los primeros bombardeos llegaron dos meses después. Las bombas lanzadas desde el cielo y la costa hasta los últimos días de la guerra, en marzo de 1939, causaron aquí la muerte a más de 800 civiles e hirieron a más de 2800 persones, destruyendo además más de 900 edificios.

 

Para proteger a la población civil, en 1937 la Junta de Defensa Pasiva construyó en este lugar –muy cerca de un núcleo político de importancia, como era la entonces Plaça de la Senyera (hoy, de Tetuán)- un refugio antiáereo de capacidad media. En sus 267m2, el refugio podía alojar a unas 380 personas, protegidas por una estructura de hormigón armado que podía resistir el impacto de bombas de hasta 200 ó 250kg.

 

Situado en un callejón, su escasa visibilidad recomendó colocar en la esquina de la Calle Espada con la plaza un rótulo con las letras REFUGIO en estilo Art Decó, para señalar su ubicación y facilitar que, en caso de bombardeo, la población pudiera localizarlo rápidamente. Mientras que este segundo rótulo todavía se conserva, del original en su fachada sobre una de las dos puertas apenas si queda hoy en día la huella que permite intuir las letras ya desaparecidas.

 

Muchos de los refugios de la ciudad, sobre todo los de nueva construcción que tenían una parte aérea bien visible (Plaça del Carme, Generalitat,…), no fueron destruidos hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, una vez hubo quedado claro que España no entraría en la guerra al lado de la Alemania nazi y la Italia fascista. Sin embargo, el refugio de la Calle Espada no fue destruido: abandonado, sobrevivió también a la posguerra mundial y fue deteriorándose progresivamente durante décadas. En la actualidad, sus dos accesos están clausurados, pero en su interior todavía conserva los bancos corridos donde se pasaban las –a menudo- horas de tensa espera, así como también restos de la maquinaria y tubos de ventilación. Por último, por lo que respecta a su protección patrimonial, el refugio está catalogado como Bien de Relevancia Local (BRL) por su valor histórico, cultural y arqueológico.