Refugio antiaéreo de la Calle Alta, esquina con la calle Ripalda
REFUGIO ANTIAÉREO DE LA CALLE ALTA, ESQUINA CON LA CALLE RIPALDA 

La guerra civil española (1936-1939) fue el primer conflicto bélico en Europa en el que se bombardearon desde el aire núcleos de población en tan alto número y de forma indiscriminada. Entre enero de 1937 y el final de la guerra en marzo de 1939, la ciudad de València sufrió más de 400 incursiones por mar y tierra, es decir, una media de una cada dos días durante los dos últimos años del conflicto. A menudo a cargo de la aviación y la marina de guerra de la Italia fascista, aliada del bando franquista, los bombardeos provocaron un total de más de 800 muertos, casi 3.000 heridos y más de 900 edificios destruidos.

 

La Junta de Defensa Pasiva tenía la misión de organizar la respuesta ante unos bombardeos cada vez más frecuentes. Una de las principales medidas fue la construcción o habilitación de más de 300 refugios antiaéreos, de titularidad pública o privada. Construido bajo tierra en un solar disponible en la confluencia de la Calle Alta y la de Ripalda, éste tenía capacidad para cerca de 600 personas en sus 362m2. A ras de calle sólo es visible la ‘parte aérea’, sobre el nivel de tierra, que comprendía las entradas y los niveles de protección que debían amortiguar gran parte de la denotación en caso de que impactara una bomba. Su ubicación resulta fácilmente identificable por las letras REFUGIO, colocadas en su fachada en estilo Art Déco, una tipografía característica de la época. Éste de aquí es uno de los pocos refugios de la ciudad que aún conserva su rotulación original.

 

Dos flechas apuntando en direcciones opuestas señalaban sus entradas, para que así la población de la ciudad pudiera encontrarlas sin dificultad una vez comenzaran a sonar las sirenas antiaéreas. Las entradas solían estar construidas lo más alejadas posible entre sí, para poder dificultar su destrucción simultánea en caso de un eventual impacto. De la misma manera, los corredores que daban acceso al interior de los refugios solían presentar una disposición ‘en codo’, es decir, en ángulo recto, para que en caso de que estallara una bomba ante la puerta, para que en caso de que una bomba estallara en la puerta, la metralla no afectara a los civiles refugiados en su interior. Al acabar el bombardeo, las sirenas volvían a sonar para indicar a la población de que el peligro había pasado.

 

En la fotografía se pueden observar las consecuencias de un bombardeo italiano sobre el centro de València. Las diversas columnas de humo muestran el impacto de, al menos, diez bombas cruzando toda Ciutat Vella, desde la zona de Pintor Sorolla y Don Juan de Austria a la de Na Jordana y el Portal Nou, pasando por la Calle de la Paz, Poeta Querol, la confluencia de la Calle San Vicente y la actual Plaza de la Reina, los alrededores de la iglesia de Santa Catalina y las calles Corretgeria, Caballeros, Alta y Baja.