Edificio del Monte de Piedad
EDIFICIO DEL MONTE DE PIEDAD

Cuando València fue capital de la II República española (1936-1937), el edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad acogió el recién creado Ministerio de Propaganda. Se accedía a él por la entrada oficial, situada en la entonces Calle de María Carbonell, bautizada así ya antes de la guerra, en recuerdo de la valenciana María Carbonell Sánchez (1852-1926). De convicciones católicas y cercana al sector conservador de la Institución Libre de Enseñanza, fue maestra en la Escuela Normal femenina de València y autora de una prolija obra. Muy querida en la ciudad, se convirtió en una de las figuras más recordadas de la pedagogía valenciana.

 

El Ministerio de Propaganda había sido creado el 4 de noviembre de 1936, tres días antes del traslado del Gobierno a València, y ocupó aquí este entonces nuevo edificio, obre del arquitecto valenciano Antonio Gómez Davó, construido a principios de la década de 1930. Con el periodista alicantino Carlos Esplá (1895-1971), de Izquierda Republicana, a su cabeza, la misión del Ministerio era sostener la moral de la población y coordinar las consignas de instituciones, partidos y sindicatos. En palabras de su subsecretario, Federico Martínez Miñana, a la revista gráfica Crónica, había que hacer “propaganda de todo el Gobierno y de todo lo que en el exterior vale de los partidos y de los Sindicatos”, reconociendo así la pluralidad de fuerzas pero primando sus elementos comunes en el mensaje institucional de la República. Además, para presentar la causa de la democracia en el importante plano internacional, había que llegar “a las cinco partes del mundo a difundir y señalar la justa causa que defiende la República de España”.

 

Para poder cumplir su misión, el Ministerio se dividía orgánicamente en diferentes departamentos: de Información para la prensa extranjera; de Ediciones y Publicaciones; de Cine y de Radio; un Servicio fotográfico y un archivo sonoro o ‘Discoteca’. Especialmente durante la capitalidad, fue uno de los actores políticos que contribuyeron a la intensa politización de la sociedad valenciana, llenando de carteles, pancartas y murales los edificios oficiales (ministerios, Ayuntamiento y otras instituciones, como el Ateneo Popular) y, en general, las calles del centro de la ciudad.

 

El sótano del edificio se adaptó para acoger uno de los refugios antiaéreos más grandes de València, con capacidad para proteger –según informaba el periódico anarquista Fragua Social– a cerca de 2.800 personas de las más de 400 incursiones aéreas sufridas por la ciudad hasta el final de la guerra.