Palacio del Marqués de Campo
PALACIO DEL MARQUÉS DE CAMPO

Cuando València fue capital de la II República española (1936-1937), este palacio del siglo XIX –situado en la entonces Plaza de los Trabajadores- se convirtió en sede del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social. Se trataba de un ministerio de nueva creación, sin precedentes en la estructura gubernamental española, reuniendo competencias hasta entonces asignadas principalmente a los ministerios de Gobernación y de Trabajo. Con la llegada del Gobierno, su primera sede estuvo en el Palacio de los Montenegro (que continúa existiendo en la Calle Sorní, nº 3, muy cerca de la parada de Metro de Colón), que acogía el Comité Sanitario de la Conselleria Provincial de Sanitat. A su cabeza estaba la anarquista catalana Federica Montseny i Mañé (1905-1994), primera mujer ministra de la historia de España y una de las primeras de Europa. Si bien su nombramiento no estuvo exento de polémica, la prensa de la época no tardó en destacar su significado. Según la revista gráfica Estampa, era:

 

la entrada de una mujer en el despacho central de un Ministerio, suceso que delimita perfectamente los dos aspectos: el nuevo, el de amplias posibilidades para todo el que tenga aptitud para las cosas, y el viejo, el que nosotros mismos descubrimos destacando este mismo nombramiento de ministro para una mujer, cosa que debía parecernos tan natural y espontánea si no tuviésemos todos la inteligencia tan ligada a esa red de viejos prejuicios que nos ha rodeado desde siempre.

 
A su vez, Montseny había sido una de los cuatro anarquistas que, también por primera vez en la Historia, accedían a ocupar carteras ministeriales en un gobierno estatal, eso sí, tras intensos debates en el seno del movimiento libertario; en el gabinete la acompañaron Juan Peiró (como ministro de Industria), Juan García Oliver (Justicia) y Juan López (Comercio).

Continuando el breve pero intenso periode de reformas sanitarias introducido por la República, Montseny puso desde su ministerio las bases de la sanidad militar (bien dotada de personal, pero con grandes carencias materiales y presupuestarias) y de los servicios sanitarios civiles para una población en guerra, que incluía a miles de niños evacuados y a millón y medio de refugiados de guerra. Así pues, los grandes proyectos del Ministerio se vieron relegados a la tarea principal de “cuidar de la salud de España, procurar que la guerra no produjera epidemias y no las extendiera”, en palabras de la ministra. Pese a todo, en sus apenas seis meses en el cargo (hasta su dimisión en mayo de 1937), Montseny impulsó una avanzada legislación social: integró la beneficencia privada en la asistencia social pública (concepción de la protección social pública inédita en España); elaboró un anteproyecto de ley sobre la interrupción voluntaria del embarazo y redactó diversas leyes dirigidas a reconocer los derechos de las madres solteras y de sus hijos, así como a luchar contra las enfermedades venéreas (con campañas de educación sexual y reparto de preservativos) o a ayudar a las mujeres que quisieran abandonar la prostitución.